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La limpieza.

Dice el refrán “No es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia”. Y se trata de eso, de no ensuciar.

Los que somos de una determinada edad hemos sido educados en el respeto a lo público.  Se debía respetar las plazas, las calles, los jardines, las fuentes, etc. Normalmente se reivindicaba que hubiera suficientes papeleras para poder deshacerse de los residuos y mayoritariamente de los envoltorios.

Tirar un papel al suelo estaba muy mal visto. Comer pipas en un banco y tirar todas las cáscaras al suelo no. Sería por las palomas.

Hace años en los restaurantes de comida rápida, donde te sirven en una bandeja, todo el mundo al finalizar depositaba los restos en la basura y la bandeja en su lugar. No nos parecía que fuéramos menos, más bien era al revés nos consideramos educados, atentos y solidarios.

Curiosamente no estaba tan desarrollado el ecologismo en nuestro comportamiento pero si estaba desarrollado el respeto y  la buena educación. Y cada uno éramos responsables de nuestros desperdicios.

Ahora nos encontramos con grupos de jóvenes que dejan debajo del banco que han ocupado todo tipo de restos. No importa tan siquiera la peligrosidad de los mismos, pensando en los niños más pequeños, así es normal que además de dejar el vidrio desparramado por el lugar, junto a las bolsas de plástico y otros desperdicios se aproveche para romper las botellas contra el suelo.

Lo curioso es que a veces esos mismos jóvenes son capaces de sentir compasión por la desaparición de los casquetes polares y el sufrimiento de la foca  de Groenlandia (Pagophilus greonlandice) y no sean capaces ver que la suciedad a su alrededor es la mayor de las tropelías contra el sistema ecológico dentro de las ciudades.

Cuando se advierte a alguien de que está dejando sus desperdicios en algún lugar; cafetería, parque, calle, etc. recibir por respuesta “ya hay personal de limpieza”  es una demostración de la falta de responsabilidad individual con el medio que nos rodea.

En las aulas se cuenta con recipientes para el papel, con el fin de su recogida y reciclado, además se dispone de papeleras, que pese al nombre se deben utilizar para recoger, precisamente todo lo que no sea papel. El papel no se retira diariamente, por eso es muy perjudicial depositar ahí restos orgánicos, ya que a su  degradación concita la aparición de insectos en el aula.

En el resto del Centro, tanto en la zona exterior como en el interior hay papeleras para todo tipo de desperdicios. No se debe dejar basura sobre los alféizares de las ventanas, bancos, o suelo.

No se trata de ahorrar en personal de limpieza sino de ser más respetuosos y civilizados con el entorno, en aprender buenas formas de comportamiento dentro del sistema educativo.

Entonces, ¿para qué está el servicio de limpieza? Muy sencillo para limpiar aquello que los individuos con su conducta responsable no son capaces de evitar. Así, a modo de ejemplo, se deben limpiar: la tierra y barro que dejamos al entrar y caminar por todo el Centro, limpieza de las pizarras, las  mesas, las papeleras, los cristales y todos los baños. Además retiran el contenido de todas las papeleras exteriores.

Hace dos años se realizó un experimento en el centro con respecto a los desperdicios que se iban depositando en todo el recinto educativo fuera de las papeleras durante un mes. Unos alumnos se encargaron de recoger y almacenar todos los desperdicios y al final del periodo y a la hora de entrada, por la mañana, apareció todo lo recogido, sobre el suelo de la entrada del Centro. La montaña de basura era espectacular y la sensación de que algo se hacía mal fue evidente.